domingo 22 de marzo de 2026 – 10:36 WIB
Jacarta – Para algunas personas la mañana comienza con una rutina sencilla: abrir el grifo, lavarse la cara, preparar café y luego continuar con sus actividades habituales. El agua fluye como siempre está disponible. Pero en muchos lugares del mundo el agua no es tan fácil.
Para millones de personas, el día comienza con un largo viaje para conseguir agua. Caminaron millas cargando pesadas embarcaciones para que sus familias pudieran cocinar, bañarse y beber durante el día. Incluso a nivel mundial, las mujeres y las niñas pasan 250 millones de horas cada día simplemente buscando agua. ¡Vamos, desplázate más!
Algunas personas dan por sentado el agua, mientras que para otras, el agua es una lucha.
El agua es vida.
El agua es vida. Sin agua, los humanos no pueden sobrevivir, producir alimentos y la salud pública está amenazada. De hecho, el mundo ha progresado mucho. En las últimas dos décadas, aproximadamente 2.200 millones de personas han tenido acceso a agua potable gestionada de forma segura. Sin embargo, el camino hacia la igualdad de acceso al agua potable es todavía largo.
A día de hoy, más de 1.800 millones de personas en el mundo todavía no tienen acceso directo al agua potable en sus hogares. Esto significa que miles de millones de personas deben buscar agua todos los días para satisfacer sus necesidades básicas.
De la crisis del agua a la crisis humanitaria
Resulta que el problema del agua no es sólo un problema ambiental sino también un problema humanitario. En muchos países, las mujeres se ven más afectadas. Son los principales responsables de recoger agua para la familia. Cuando el acceso al agua es difícil, también se les quitan las oportunidades de estudiar, trabajar y relajarse.
A nivel mundial, más de mil millones de mujeres todavía carecen de acceso al agua potable. Esta situación hace que la crisis del agua no sea sólo una cuestión ambiental, sino también una cuestión de equidad y justicia social. Junto con el acceso al agua potable, los problemas de saneamiento también exacerban esta crisis humanitaria. Sin instalaciones sanitarias adecuadas, las mujeres enfrentan riesgos para la salud, sentimientos de inseguridad y pérdida de dignidad.
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Las crisis de agua y saneamiento están entrelazadas, creando un ciclo injusto que obstaculiza la calidad de vida y el futuro.












