domingo 11 de enero de 2026 – 04:00 WIB
Pekín, VIVA – La última ola de represión en China ha vuelto a generar preocupación internacional. Los grupos de derechos humanos advierten que las libertades civiles en el país se están reduciendo a niveles rara vez vistos en los últimos años.
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Desde activistas laborales y manifestantes estudiantiles hasta abogados, creyentes religiosos y usuarios de redes sociales, cada vez más ciudadanos están atrapados en la dura vigilancia, las detenciones arbitrarias y los procesos legales poco transparentes del Partido Comunista Chino (PCC).
Lo que es visible no es sólo una serie de casos aislados, sino un patrón sistémico de opresión, cada vez más normalizado y cada vez más oculto al escrutinio público.
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Los defensores de los derechos humanos predicen que el clima de derechos humanos en China se ha fortalecido significativamente. Esta situación se caracteriza por un rechazo general de los principios de juicios justos y el uso de acusaciones vagas para silenciar la disidencia.
Un ejemplo destacado es el reciente veredicto que confirma la sentencia de tres años de prisión impuesta al defensor de los derechos laborales Jing Wangli en la provincia de Henan. Fue declarado culpable de “hacer ruido e incitar al desorden”, artículo utilizado a menudo contra los críticos del Estado. Jing fue encarcelado poco después del veredicto.
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Según su familia, no pudo comunicarse con el mundo exterior durante su detención y se le prohibió reunirse con abogados o familiares. Esta no es la primera vez que Jing es encarcelado. En total, ha estado tras las rejas por múltiples cargos durante más de una década, lo que grupos de derechos humanos han señalado repetidamente como un objetivo deliberado, no una aplicación legítima de la ley.
Esta presión tampoco se detiene en casa. El hijo de Jing, que ahora vive en Nueva Zelanda, dijo que el acoso se había extendido al extranjero. Esto refuerza la preocupación de que los esfuerzos del PCC por reprimir la disidencia sean ahora de naturaleza cada vez más internacional.
El mensaje transmitido es inequívoco: el activismo político, ya sea que se lleve a cabo dentro de un marco pacífico o legal, tiene consecuencias para toda la vida.
El impacto a largo plazo de esta represión se hizo evidente después de las protestas del “Libro Blanco” en 2022. Las acciones, alimentadas por la ira por las estrictas restricciones de la COVID-19, rompieron brevemente la atmósfera de pánico con un cartel de papel en blanco como expresión de la libertad de expresión censurada.
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Sin embargo, años después, muchos de los involucrados en la acción desaparecieron en el sistema legal. Los informes indican que muchos manifestantes fueron detenidos, acusados o castigados en secreto en 2024 y 2025, a menudo mediante procesos cerrados desconocidos para el público o sus familias.












