Dos miembros de la Guardia Nacional fueron baleados y gravemente heridos en una emboscada cerca de la Casa Blanca, lo que desató una conversación nacional sobre políticas de seguridad e inmigración. El tiroteo ocurrió poco después de las 2:00 p.m. EST del miércoles cerca de Farragut Square en el centro de Washington, DC.
Dos policías, Sarah Beckstrom, de 20 años, y Andrew Wolff, de 24, estaban en una patrulla de alto perfil cuando el agresor se acercó y comenzó a disparar. El subjefe de la Policía Metropolitana, Jeff Carroll, describió el incidente como un ataque dirigido y enfatizó que los guardias fueron “emboscados” mientras realizaban sus tareas en una zona concurrida y llena de trabajadores de oficina.
La alcaldesa Muriel Bowser se hizo eco de este sentimiento y señaló que el lugar del ataque era particularmente alarmante y que las fuerzas del orden respondieron rápidamente debido a su proximidad a la Casa Blanca. Ambas víctimas fueron hospitalizadas y en estado crítico después de la cirugía, lo que generó simpatía y preocupación en todo el país.
El presunto tirador, Rahmanullah Lakanwal, de 29 años, fue detenido en el lugar. El Departamento de Seguridad Nacional lo identificó como un “extranjero criminal de Afganistán” que ingresó a Estados Unidos en el marco del programa Operación Bienvenida a los Aliados en septiembre de 2021, tras la caótica retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán. Las fuentes indican que tuvo vínculos con las fuerzas militares estadounidenses mientras estuvo en Afganistán y recientemente buscó asilo en Estados Unidos.
Durante los disturbios, Lakanwal sufrió heridas de bala, pero no cooperó con las autoridades. La fiscal federal Jeanine Pirro confirmó que enfrenta múltiples cargos, incluido asalto con intención de matar mientras está armado y posesión de un arma de fuego durante un delito violento, que podría conducir a largas penas de prisión si es declarado culpable.
Tras el incidente, el presidente Donald Trump, que se encontraba en ese momento en Florida, calificó el tiroteo como un “acto de terrorismo” y calificó al agresor de “animal”. Anunció planes para desplegar 500 miembros de la Guardia Nacional adicionales en Washington, DC, destacando las preocupaciones actuales sobre la seguridad pública en una capital bajo escrutinio por los crecientes índices de criminalidad.
La víctima Sarah Beckstrom se ofreció como voluntaria para asegurarse de que otros pudieran pasar tiempo con sus familias durante el feriado de Acción de Gracias, un testimonio de la dedicación de los miembros de la Guardia Nacional. La sociedad ahora está lidiando con las consecuencias de este trágico evento, planteando preguntas sobre las complejidades de la seguridad nacional y la política de inmigración a raíz de los antecedentes del matón.












