El Lunes Negro hizo honor a su nombre en toda la NFL, ya que varias franquicias perdieron poco tiempo haciendo grandes cambios una vez que finalizó la temporada regular. Los Arizona Cardinals están firmemente en esa categoría, después de haber despedido al entrenador en jefe Jonathan Gannon.
Si bien es posible que los Cardinals no hayan tomado la decisión solos, su decisión se destacó por una razón familiar que continúa siguiendo a la franquicia año tras año. La rotación de entrenadores ha sido durante mucho tiempo una característica definitoria en el desierto, y el lunes solo reforzó esa realidad.
Casi 100 años después de su existencia, los Cardinals todavía están buscando algo que nunca tuvieron: un liderazgo consistente al margen.
Ese contexto hace que el despido de Jonathan Gannon parezca una decisión aislada y sólo un capítulo más de un ciclo que se repite.
De acuerdo a Ari Meerov, experto en la NFLLa tendencia histórica siempre ha sido la misma.
“A pesar de ser una franquicia durante más de 100 años, los Cardinals aún no han tenido un entrenador en jefe, ningún entrenador en jefe, que dure más de seis años”, señaló Meirow.
Gannon llegó en 2023 con la esperanza de construir una cultura a largo plazo, pero el éxito nunca llegó. Arizona ha luchado por encontrar consistencia en ambos lados del balón, y aunque se han acumulado preguntas sobre el plantel y lesiones, la paciencia una vez más es limitada. Un récord de 15-36 en tres temporadas fue, en última instancia, demasiado difícil de superar, especialmente en el Lunes Negro, cuando los propietarios de toda la liga actúan rápidamente.
La decisión de los Cardenales también resalta un tema más amplio que la organización aún debe abordar. Los cambios de entrenador fueron frecuentes, pero no se produjo un éxito continuo. Cada nuevo empleado viene con una visión, solo para ser reemplazado antes de que esa visión se haga realidad por completo.
Ahora, Arizona se ha reiniciado una vez más. Comienza otra búsqueda. Se movilizará otro personal. Y a otro entrenador se le asigna la tarea de algo que ningún entrenador en jefe de los Cardinals puede hacer: el tiempo suficiente para construir algo que realmente perdure.
En un día definido por el tiroteo, la medida de Arizona era esperada y simbólica a su manera.












