En un momento crucial para Guinea-Bissau, el gobernante militar recién instalado eligió un primer ministro cercano al presidente derrocado, lo que subraya la compleja dinámica que siguió al reciente golpe. El miércoles, el ejército tomó el control de la nación de África occidental apenas un día antes de que se revelaran los resultados provisionales de las elecciones nacionales, lo que obligó al presidente Oumarro Sissoko a huir a Senegal en busca de seguridad en Mba.

El golpe marcó la quinta toma de poder militar en los 45 años de historia de Guinea-Bissau, lo que plantea dudas sobre sus motivos. El nuevo líder militar, el general Horta N’Tam, nombró a Ilidio Vieira Te, ex ministro de Finanzas del gobierno de Mbalo, como nuevo primer ministro. N’Tam pretende supervisar el gobierno de transición durante un año, con la esperanza de cooperar estrechamente con las autoridades militares.

Las reacciones internacionales fueron rápidas y principalmente críticas. La Unión Africana anunció la suspensión inmediata de Guinea-Bissau, pero prohibió la participación del país en los órganos de toma de decisiones de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO). El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, condenó las acciones del ejército como una violación de los principios democráticos, y la Unión Europea pidió un rápido retorno a la gobernanza constitucional y al proceso electoral.

La legitimidad del golpe ha sido cuestionada por varias figuras políticas y analistas. El primer ministro senegalés, Ousmane Sonko, expresó escepticismo y sugirió que la toma del poder pudo haber sido orquestada. El candidato de la oposición, Fernando Dias da Costa, reclamó la victoria en las disputadas elecciones y Mbalo lo acusó de planear un golpe de estado para impedirle tomar el poder. Añadiendo más dudas sobre la autenticidad del golpe, el ex presidente nigeriano Goodluck Jonathan, que está siguiendo las elecciones, caracterizó la toma del poder como potencialmente “celebratoria”, citando la manera inusual en que Mbalo interactuó con los medios durante la crisis.

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También han surgido especulaciones sobre las luchas de poder subyacentes en Guinea-Bissau. Los analistas sugieren que la represión de las redes de tráfico ilegal de drogas puede haber afectado significativamente el volátil panorama político del país. El general Denis N’Canha afirma haber descubierto planes que involucran a “capos de la droga”, lo que sugiere profundos vínculos entre la insurgencia y el tráfico de drogas.

Guinea-Bissau, a menudo descrita como un “narcoestado”, tiene una historia marcada por la inestabilidad política, la pobreza rampante y una gobernanza ineficaz. Sirve como ruta de tránsito clave para la cocaína latinoamericana con destino a Europa, lo que genera preocupaciones sobre los vínculos entre altos líderes políticos y militares y el tráfico ilícito de drogas.

A pesar de la agitación política, la vida cotidiana en la capital, Bissau, parece estar volviendo gradualmente a la normalidad. Las calles están repletas de vehículos, los mercados se reabren y los ciudadanos vuelven al trabajo. Boubacar, un vendedor ambulante de 25 años, expresó su determinación de continuar su sustento en Mba, destacando la necesidad de trabajar en medio de la insurgencia.

Desde que se independizó de Portugal en 1974, Guinea-Bissau ha experimentado golpes de Estado e intentos de toma de poder. Ahora se suma a otros países, entre ellos Burkina Faso, Malí, Madagascar, Níger y Sudán, que enfrentan una suspensión de la Unión Africana debido a intervenciones militares. A medida que evolucione la situación, el futuro de Guinea-Bissau y su gobernanza atraerán la atención de la comunidad internacional.

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