El ejército estadounidense se ha convertido una vez más en un foco de controversia política, alimentando las tensiones entre demócratas y republicanos. Recientemente, un grupo de seis políticos demócratas (veteranos con antecedentes militares y de inteligencia) publicaron un video en el que comunican un mensaje clave a los miembros del servicio sobre su responsabilidad legal y moral de rechazar órdenes ilegales. Sin embargo, el mensaje no especifica circunstancias específicas que requerirían este recordatorio, lo que genera dudas sobre su intención y momento.
El presidente Trump condenó rápidamente el video, lo que generó críticas en las redes sociales, calificó el acto de traición y sugirió que podría acarrear graves consecuencias, e incluso dijo que ejecutaría a políticos. La reacción ha provocado alarma entre los observadores, ya que esa retórica incendiaria puede incitar a la violencia y poner en peligro las vidas de los involucrados. La senadora Elissa Slatkin, una veterana, recibió una amenaza de bomba en su casa poco después de los comentarios de Trump, lo que pone de relieve aún más las posibles consecuencias de las maniobras políticas.
En defensa de sus acciones, los demócratas dijeron que su mensaje era un intento de apoyar a los miembros del servicio en situaciones moralmente complejas. Señalan las acciones de la administración Trump, que, según afirman, han colocado al personal militar en entornos políticamente cargados: desplegando tropas para hacer cumplir la ley a nivel nacional y celebrando eventos políticos en entornos militares, entre otras cosas. Sin embargo, esta maniobra política de ambos lados genera preocupaciones sobre implicaciones más amplias para la integridad militar y el control civil.
El senador Mark Kelly recordó el intento de asesinato de su esposa, Gabby Giffords, y enfatizó el vínculo entre retórica y violencia política, subrayando el peligro de la incitación de Trump. Calificó las declaraciones del presidente de peligrosas, argumentando que incitan a la hostilidad contra las personas, especialmente contra los militares.
Haciéndose eco de los sentimientos de Trump, el secretario de Defensa, Mark Esper, describió el vídeo demócrata como “despreciable, imprudente y falso”, apuntando al servicio militar del senador Kelly y sugiriendo medidas más duras contra él por sus recientes declaraciones. Este agravamiento por parte de los oficiales de alto rango no hace más que exacerbar la animosidad y la confusión existentes dentro de las filas militares.
Esta situación plantea un desafío importante a la tradicional postura apolítica del ejército estadounidense. Los soldados juran respetar la Constitución y se espera que obedezcan órdenes legales, pero cuestionar la legitimidad de las órdenes es una cuestión compleja. El veterano Cliff W. Gilmore señala que los riesgos asociados con desobedecer órdenes son significativos porque el ejército opera según el principio de obediencia inmediata a las órdenes.
En general, esta agitación política amenaza con socavar el desempeño del ejército. Lo ideal sería que los políticos formularan políticas en lugar de depender del personal militar para resolver disputas políticas. Las apelaciones a los miembros del servicio no deben comprometer su preparación o integridad operativa. Fomentar la participación militar en tales preocupaciones políticas puede tener graves consecuencias tanto para el personal involucrado como para el marco más amplio de gobernanza civil que idealmente separa a los militares de la política partidista.











