En un cambio significativo para las comunidades tibetanas en Nepal, la tecnología de vigilancia se ha infiltrado en la vida cotidiana, cambiando la dinámica de su entorno y sus libertades. Las cámaras, que ya no son meras máquinas, actúan como centinelas vigilantes en los estrechos callejones de Katmandú, donde los refugiados tibetanos alguna vez sintieron una sensación de seguridad. Hoy en día, estas lentes sirven como marcador de vigilancia constante, creando una atmósfera de miedo en la sociedad.
Los enclaves de refugiados que alguna vez ofrecieron consuelo se han transformado, los hombres cierran las cortinas para sus conversaciones, las salas de oración están cerradas y los símbolos espirituales, las banderas de oración que alguna vez ondearon con orgullo, ahora están bloqueadas por alambre de púas hecho jirones.
Estos avances son parte de una estrategia china más amplia para profundizar las tecnologías de vigilancia en al menos 150 países, incluido Nepal. Al ofrecer medios policiales económicos pero invasivos, China ha encontrado apoyo entre los gobiernos con problemas de liquidez, que han optado por estos sistemas para aumentar el control. En Nepal, esta técnica se dirige específicamente a las actividades independentistas tibetanas, vigilando a quienes se atreven a expresar sus deseos políticos.
El paisaje físico de Nepal refleja este cambio drástico; Cerca de la frontera tibetana, los informes indican que las autoridades chinas han presionado a los lugareños para que derriben cualquier imagen asociada con el Dalai Lama, una figura importante de la espiritualidad y la identidad política tibetanas. En lugares como Lo Manthang, que históricamente sirvió como santuario para quienes navegaban por los pasos montañosos entre los países, imponentes instalaciones de vigilancia en el lado chino monitorean los movimientos de la región, lo que sugiere que los Himalayas ya no brindan un refugio seguro.
Los casos de refugiados tibetanos que ajustan sus comportamientos en respuesta a esta vigilancia son cada vez más comunes. Las conversaciones y las expresiones de identidad cultural se reprimen debido a la percepción de que su vida cotidiana está siendo ampliamente vista.
El impacto de estas medidas de vigilancia se extiende más allá de los temores inmediatos de los individuos; Reformó fundamentalmente el panorama cultural del budismo tibetano en Nepal. Las prácticas religiosas están adquiriendo un tono más defensivo, describiendo una atmósfera de supresión del culto, libertad de expresión y celebración cultural llevada a cabo en secreto y no abiertamente.
En medio de este turbulento contexto, la resiliencia de la sociedad tibetana continúa. Sin embargo, mantienen la inquietante realidad de vivir bajo un ojo invisible pero omnipresente que contrasta marcadamente con la narrativa histórica de seguridad y solidaridad que alguna vez caracterizó sus vecindarios. Mientras los recuerdos se aferran a las paredes y paisajes de Katmandú y Mustang, las implicaciones más amplias de estas tecnologías de vigilancia apuntan a preocupaciones crecientes no sólo por la sociedad tibetana, sino por la esencia misma de la libertad y la expresión en un mundo cada vez más monitoreado.












