En un estudio innovador, los investigadores utilizaron drones equipados con placas de Petri estériles para recolectar gotas del aliento de varias especies de ballenas, incluidas las jorobadas, las de aleta y los cachalotes. Este enfoque innovador se complementa con muestras de biopsias de piel obtenidas de barcos, creando una estrategia de investigación integral para monitorear la salud marina.

La investigación ha confirmado, por primera vez, la presencia de un virus mortal, el morbilivirus de los cetáceos, que circula en aguas situadas por encima del Círculo Polar Ártico. Conocido por su naturaleza altamente contagiosa, el virus representa una seria amenaza para los mamíferos marinos como los delfines, las ballenas y las marsopas. La enfermedad es conocida por su capacidad de causar una morbilidad y mortalidad significativas en las poblaciones afectadas, lo que a menudo resulta en muertes masivas.

La capacidad del morbilivirus de los cetáceos para saltar entre diferentes especies marinas y viajar a través de vastos espacios oceánicos amplía el riesgo que representa para los diferentes ecosistemas marinos. Esta revelación arroja luz sobre la interconexión de la vida silvestre marina y el potencial de las enfermedades que afectan a poblaciones enteras.

El equipo de investigación espera que este descubrimiento clave permita la detección temprana de amenazas peligrosas para la vida marina, permitiendo intervenciones oportunas para prevenir la propagación de tales enfermedades. Al combinar la tecnología moderna con el muestreo biológico, los investigadores pretenden mejorar nuestra comprensión de la salud de los océanos y ayudar a proteger las especies vulnerables al tiempo que abordan los desafíos ambientales.

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