Se ha convertido en una especie de ritual inglés durante este Mundial.

Suena el pitido final, otra victoria está asegurada y Harry Kane conduce a sus compañeros a través del mar de aficionados ingleses hasta un extremo del estadio. Se para unos pasos delante de los demás, con las manos en las caderas, absorbiendo todo mientras miles de personas dan una serenata al equipo con “Wonderwall” de Oasis.

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