Otra semana trajo otra derrota para Gales, esta vez una derrota por 52-26 ante Nueva Zelanda en un partido que continuó una larga racha de derrotas y puede haber resonado de manera diferente entre los jugadores, entrenadores y fanáticos. El partido marcó la derrota número 34 consecutiva de Gales contra los All Blacks, pero algunos aspectos de su actuación generaron esperanzas de un futuro mejor.
El capitán Devi Lake expresó optimismo y dijo: “Mucho de lo que queríamos hacer y en lo que estábamos trabajando como equipo realmente brilló hoy. Trabajamos para ellos”. El entrenador de Nueva Zelanda, Scott Robertson, se hizo eco de este sentimiento y elogió a Gales por su “coraje y delicadeza” en su juego, su compromiso en defensa y su inteligencia en ataque.
Cada vez que Nueva Zelanda tomó la delantera, Gales supo contraatacar, mostrando resiliencia y determinación. El jugador destacado de Gales fue Tom Rogers, quien anotó un hat-trick histórico, convirtiéndose en el primer jugador galés en lograr esa hazaña contra Nueva Zelanda. Sus esfuerzos se vieron ayudados por contribuciones notables de sus compañeros de equipo, incluida una brillante asistencia de patada de Tomos Williams y una brillante atrapada de Louis Rees-Zammit.
Al comenzar la segunda mitad, Damian McKenzie de Nueva Zelanda puso el marcador 24-21 con un tiro penal. Sin embargo, Nueva Zelanda comenzó a aprovechar las oportunidades del lineout, anotando dos intentos en jugadas a balón parado, uno de Caleb Clarke con un maul y el otro de Tamiti Williams.
A pesar de la dramática preparación, fue Gales quien primero iluminó el estadio con el esfuerzo de Rodgers, mostrando su destreza ofensiva. En un momento dado, la atmósfera en las gradas se electriza, alimentada por fuegos artificiales y espectáculos de luces, que culminan con una interpretación entusiasta del himno nacional, seguida de un espectacular haka.
Sin embargo, cuando el partido entró en el último cuarto, Gales no pudo mantener su impulso. Nueva Zelanda se adelantó con tres intentos en sólo cinco minutos. Aunque dos de los primeros intentos fueron cancelados tras la revisión del vídeo, se permitió un tercer intento gracias a la intervención del TMO.
Para agravar sus problemas, Gales sufrió problemas disciplinarios durante el partido, y Gareth Thomas y Tyne Plumtree recibieron tarjetas amarillas por entradas peligrosas. Esto dejó a Gales con sólo 14 jugadores en los minutos cruciales del partido, que Nueva Zelanda aprovechó sin piedad añadiendo más puntos a su cuenta.
Aunque Gales volvió a anotar gracias a un intento decidido de Rees-Jamit, el pitido final presagió otra derrota. Sin embargo, a pesar del marcador, los vítores apasionados de la multitud sugirieron que los aficionados encontraron momentos de orgullo por el desempeño de su equipo.
Gales, que alguna vez fue considerada la fuerza dominante en este deporte, ahora se consuela con actuaciones encomiables a pesar de su falta de victorias. Puede que el partido contra Nueva Zelanda no haya sido un punto de inflexión, pero permitió vislumbrar el potencial que tanto los jugadores como los aficionados esperan desarrollar en el futuro.










