El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha criticado a su predecesor, Joe Biden, por supuestamente hacer un mal uso de un bolígrafo automático para firmar documentos oficiales. En una declaración publicada el 28 de noviembre, Trump afirmó que todos los documentos firmados por Autopen bajo Biden están “caducados” y ya no son válidos ni ejecutables. Un sorprendente 92 por ciento de estos documentos fueron firmados sin el permiso expreso de Biden, argumentando que quienquiera que operara el dispositivo lo hizo “ilegalmente”.

La retórica de Trump se intensificó cuando sugirió que las afirmaciones de que Biden estuvo involucrado en el proceso AutoPen podrían dar lugar a cargos de perjurio. La controversia plantea interrogantes legales y procesales sobre el uso del autopen en funciones presidenciales.

AutoPen es una máquina de firma robótica que replica la firma de una persona utilizando tinta real. Patentado en EE. UU. en 1803, las figuras públicas lo utilizan habitualmente para firmar documentos de forma remota o en masa. El dispositivo funciona a partir de una plantilla de firma que imita los trazos del lápiz de una persona, proporcionando una representación consistente y segura de su firma.

La orientación del presidente George W. del Departamento de Justicia durante la administración Bush aclaró que un funcionario podía autorizar a otro funcionario a colocar su firma mediante lápiz automático, eliminando la necesidad de una firma personal en cada documento. Dado este marco legal, la legalidad de las afirmaciones de Trump sobre AutoPen llama la atención.

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Los precedentes históricos muestran que varios presidentes de Estados Unidos han utilizado el autopen. A Thomas Jefferson se le atribuye el uso de una versión temprana del dispositivo, pero Harry Truman, Gerald Ford y Lyndon B. Johnson también lo incluyeron en sus ceremonias de firma. Recientemente, los presidentes John F. Kennedy y Barack Obama utilizaron el AutoPen para diversos fines legislativos. Obama aprobó específicamente su uso en el extranjero en 2011, lo que marcó un hito en el uso público del dispositivo al permitirle ampliar la Ley PATRIOTA.

Curiosamente, el propio Trump admitió haber utilizado el AutoPen, pero en un contexto más limitado, específicamente en lo que llamó “documentos muy sin importancia”. Explicó cómo la Casa Blanca recibe un gran volumen de cartas y mensajes, requiriendo en ocasiones el uso de un Autopen. Trump describió el uso por parte de Biden de un bolígrafo automático para firmar documentos importantes como un indulto como “vergonzoso”, a pesar de que ha utilizado el dispositivo en el pasado.

A medida que continúa el debate político en torno a Autopen, las implicaciones de estos argumentos pueden extenderse más allá de Trump y Biden, afectando las percepciones de las prácticas ejecutivas y su legitimidad en el ejercicio de los deberes presidenciales.

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