En un giro significativo en la política federal sobre drogas, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que reclasifica la marihuana de una sustancia de la Lista I a la Lista III. La decisión se alinea más estrechamente con la postura cambiante que muchos estados han adoptado con respecto a la marihuana, reconociendo su papel cambiante en la investigación médica y sus posibles beneficios médicos.

Según su clasificación actual como droga de Lista I, la marihuana se agrupa con sustancias como la heroína y el LSD, lo que indica que tiene un alto potencial para el uso y abuso médico aprobado. Con la nueva clasificación, la marihuana se unirá a sustancias como la ketamina y algunos esteroides anabólicos, un cambio que facilitará las regulaciones sobre su uso y distribución, al tiempo que reducirá la carga fiscal que enfrenta la creciente industria de la marihuana.

A pesar de este progreso, la redistribución de distritos no allanó el camino para la legalización a nivel nacional del uso recreativo de la marihuana entre los adultos. Aunque la orden no delineó un cronograma para su implementación, se espera que acelere un proceso de revisión en curso por parte de la Administración de Control de Drogas (DEA) que ya estaba en marcha antes de que Trump asumiera el cargo en enero.

La medida de Trump se produce en medio de un panorama cultural cambiante, donde el apoyo a la legalización de la marihuana continúa creciendo. Una encuesta reciente de Gallup encontró que el apoyo público a la legalización aumentó del 36% en 2005 al 68% el año pasado. Muchos estados ya han legalizado el uso de marihuana medicinal y recreativa, aunque las leyes federales siguen siendo estrictas, y el aumento refleja un movimiento más amplio a medida que las personas corren el riesgo de ser procesadas a nivel federal.

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La orden ejecutiva tiene como objetivo mejorar las oportunidades de investigación en torno al CBD, un compuesto derivado del cáñamo que ha ganado popularidad y cuyos beneficios potenciales son actualmente objeto de debate entre los expertos.

Sin embargo, la medida de Trump no estuvo exenta de oposición, especialmente del Partido Republicano. Más de 20 senadores republicanos, encabezados por el senador de Carolina del Norte, Ted Budd, presentaron una carta instando a Trump a mantener la marihuana como droga de Lista I. Los senadores argumentaron que reclasificar la marihuana socavaría iniciativas más amplias destinadas a hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande y expresaron preocupación por sus efectos sobre la salud y la seguridad.

Aunque anteriormente Trump se había mostrado reacio a despenalizar completamente la marihuana, ha adoptado una postura firme contra otras drogas, en particular el fentanilo, y ha dirigido acciones militares contra las operaciones de narcotráfico. Sin embargo, esta última orden ejecutiva representa un cambio significativo en el reconocimiento de los beneficios potenciales de la marihuana, una opinión que contrasta marcadamente con las opiniones de algunos sectores de su propio partido.

Las implicaciones de esta redistribución de distritos podrían ser de gran alcance, con el potencial de remodelar el panorama de la marihuana en Estados Unidos a medida que la política federal comience a alinearse más estrechamente con los cambios en el sentimiento público y las leyes estatales.

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