Donald Trump eliminó un tratamiento para la caída del cabello ampliamente utilizado de sus medicamentos divulgados públicamente, y el motivo aún no está claro.

Trump, conocido por su cabello cuidadosamente peinado, había estado usando finasterida, un medicamento ampliamente recetado destinado a prevenir la calvicie masculina, durante varios años. (Bloomberg)

Finasteride, un medicamento contra la calvicie comercializado bajo el nombre de Propecia, es tomado por millones de hombres en los Estados Unidos cada año, pero no ha sido incluido en ninguno de los informes médicos del presidente desde que regresó a la Casa Blanca en enero pasado, según el Washington Post. Esta ausencia incluye su último informe, publicado la semana pasada.

El informe dice que los asesores de Trump no llegaron a explicar por qué el medicamento no está en la lista o si su omisión indica que el presidente ya no lo usa. Los posibles efectos secundarios pueden incluir depresión, disfunción sexual y, aunque con menos frecuencia, agrandamiento de los senos.

“El informe actual refleja todos los medicamentos que se considera clínicamente relevante divulgar en ese momento”, dijo la Casa Blanca al Washington Post. “No se ha omitido en este informe ninguna otra condición o procedimiento no revelado que afecte materialmente su condición médica”, agregaron en referencia al comunicado del viernes.

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¿Es esto preocupante?

Robert Klitzman, un destacado psiquiatra de la Universidad de Columbia, informó al Post que la vacilación de la administración a la hora de abordar el uso de finasterida por parte del presidente está generando preocupaciones sobre la transparencia de la salud del hombre de 79 años.

“Esto plantea preguntas importantes sobre lo que podría no revelarse”, dijo Robert Klitzman, psiquiatra de la Universidad de Columbia, en una entrevista con el Post, señalando que la finasterida se ha relacionado con un mayor riesgo de depresión.

La salud de Trump y las preocupaciones por la falta de transparencia

El presidente multimillonario, que cumplirá 80 años este mes, ha enfrentado un escrutinio continuo sobre su salud desde que regresó al poder, incluidos frecuentes hematomas en las manos, hinchazón en los tobillos y una notable somnolencia durante algunas reuniones.

“El presidente sufre de somnolencia diurna severa”, dijo el mes pasado el Dr. Jonathan Reiner, analista médico de CNN, en una entrevista. “Se queda dormido muy a menudo. Se ha quedado dormido varias veces en la Oficina Oval con gente hablando con él, en la sala del gabinete… Y el insomnio crónico es una enfermedad grave. Puede conducir a un mayor riesgo de demencia y a una disminución de los efectos cognitivos en las personas mayores”.

En 2015, el ex médico de Trump, el Dr. Harold Bornstein, escribió una carta en la que afirmaba que Trump sería “el individuo más sano jamás elegido para la presidencia” antes de su primer mandato. Sin embargo, Bornstein reveló más tarde en 2018 que Trump había “dictado toda esta carta”.

En 2020, el presidente enfrentó reacciones violentas por restar importancia a la gravedad de su enfermedad COVID-19. Más tarde se reveló que pasó tres días en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, donde profesionales médicos controlaron sus niveles de oxígeno en sangre “peligrosamente bajos”.

Durante su segundo mandato, Trump reveló públicamente tres visitas a la misma clínica, en medio de crecientes especulaciones sobre sus tobillos hinchados, manos magulladas y apariciones públicas cada vez más irregulares.

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